viernes, 20 de abril de 2018

Uno de los libros más importantes del año en traducción mexicana

Jean Starobinski (Ginebra, Suiza, 1920) es un historiador de las ideas y un crítico literario poseedor de una merecida fama internacional. De su vastísima obra, importa destacar acá que fue uno de los iniciadores en la segunda mitad del siglo XX de los estudios médico-culturales sobre la melancolía, que sólo concluyó en 2012. A este respecto, su trabajo sobre este tema específico fue dado a conocer a través de diversas obras; entre otras, Histoire du traitement de la mélancolie, des origines à 1900 (Basilea, Geigy, 1960), La mélancolie au miroir. Trois lectures de Baudelaire (París, Julliard, 1989), y L'encre de la mélancolie, (París, Seuil, 2012). Esta última obra, publicada como La tinta de la melancolía, fue traducida por el editor y traductor mexicano Alejandro Merlin (Durango, 1988) y revisada por traductor y revisor Fausto José Trejo, para su publicación en el Fondo de Cultura Económica, de México, en 2017, y sólo recientemente acaba de ser distribuida en Argentina, Chile y Uruguay. Se trata, a no dudarlo, de un trabajo mayor de uno de los mayores críticos que nos legó el siglo XX y probablemente sea uno de los más importantes libros que circulen en Latinoamérica este año.

Jean Starobinski
Según señala la gacetilla de prensa, “Este libro recopila medio siglo de investigaciones producidas por Jean Starobinski relacionadas con el tema de la melancolía, desde su aspecto clínico y su evolución histórica hasta su relación con la literatura. Comenzando con su tesis sobre la historia del tratamiento de la enfermedad, presentada en 1959 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Lausana, La tinta de la melancolía es una oportunidad para conocer los matices de esta enfermedad, ese estado de ánimo que acompaña al ser humano en lo que se conocen como las letras negras y los nidos del sentido, y que ha captado la atención de médicos, escritores, pintores, filósofos y psicólogos desde la Antigüedad hasta nuestra época.” Y luego, describiendo el contenido: “El médico, crítico y escritor Jean Starobinski rastrea los orígenes del tratamiento clínico de la melancolía y examina el concepto en cada una de sus mutaciones: enfermedad, esencia creativa o explosión del ingenio pesimista. Su análisis abarca los trabajos de Robert Burton y Søren Kierkegaard, el diagnóstico de la crisis que sufría Van Gogh, el spleen de Baudelaire y el relato de la destrucción de Troya, entre otros temas, conjuntando los trabajos que por medio siglo le ha dedicado a esta dolencia, materia de reflexión para médicos, artistas y filósofos”.

jueves, 19 de abril de 2018

"Ha llegado la hora aciaga de un cambio de estilo"


Decir que Rafael Spregelburd (actor de teatro y de cine, director teatral, escritor y traductor) es un tipo de genio es no decir nada. O mejor, es apenas una formulación que necesita algún respaldo. Para demostrarlo, sin embargo, bastaría con leer la columna que publicó el pasado 13 de abril en el diario Perfil, de Buenos Aires, donde plantea algo así como la pantomima de diálogo entre el juez Sérgio Moro, apenas un accesorio del establishment brasileño, y el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, nuevamente candidato a la presidencia de su país, con el objeto de encarcelar a este último e impedirle participar en las próximas elecciones. Cabe entonces preguntarse no sólo a qué lengua se traduce –como solemos hacer en este blog–, sino también cómo, cuándo y por qué. En este caso, para dar testimonio de una infamia.

Negociaciones conversacionales

Harold Pinter se adelantó medio siglo a esto que hoy es vox pópuli: el lenguaje es poder. Quien pregunta no tiene el mismo estatuto que quien responde, quien obedece una orden no goza de las mismas posibilidades que quien las da, etcétera. Pero extraña y afortunadamente quien da una orden imposible (como decirle “Siéntese” a alguien que ya está sentado) no siempre tendrá éxito, ni quien pretende arribar a una verdad lo logrará solo por su autoridad.

El diálogo del juez Sérgio Moro para encarcelar a Lula da Silva se me torna más pintoresco que real. Es más, dudo que sea real, pero creo inspirador replicar por escrito esta versión muy difundida:
“–¿El departamento es suyo?
–No.
–¿Seguro?
–Seguro.
 –¿Entonces no es suyo?
–No.
–¿Ni un poquito?
–No.
–¿O sea que usted niega que sea suyo?
–Lo niego.
–¿Y cuándo lo compró?
–Nunca.
–¿Y cuánto le costó?
–Nada.
–¿Y desde cuándo lo tiene?
–Desde nunca.
–¿O sea que no es suyo?
–No.
–¿Está seguro?
–Lo estoy.
–Y, dígame: ¿por qué eligió ese departamento y no otro?
–No lo elegí.
–¿Lo eligió su mujer?
–No.
–¿Quién lo eligió?
–Nadie.
–¿Y entonces por qué lo compró?
–No lo compré. 
–Se lo regalaron...
–No.
–¿Y cómo lo consiguió?
–No es mío.
–¿Niega que sea suyo?
–Ya se lo dije.
–Responda la pregunta.
–Ya la respondí.
–¿Lo niega?
–Lo niego.
–O sea que no es suyo. (...)
–Señor juez, ¿usted tiene alguna prueba de que el departamento sea mío, que yo haya vivido ahí, que haya pasado ahí alguna noche, que mi familia se haya mudado; o tiene algún contrato, una firma mía, un recibo, una transferencia bancaria, algo?
–No, por eso le pregunto.
–Ya le respondí”.

El Brasil no solo se hunde en la negrura sino que además inaugura una instancia preocupante: si la política regional siguió siempre el sucundún del realismo mágico, nos ha llegado la hora aciaga de un cambio de estilo hacia el “teatro de amenaza”, un mote con el cual los detractores de Pinter pretendían minimizar la potencia –la verdad– de su obra.

miércoles, 18 de abril de 2018

El SPET se despierta en abril con Patricia Willson

Griselda Mársico y Uwe Schoor, han hecho llegar al Club de Traductores Literarios de Buenos Aires la siguiente información:

En el primer encuentro del año, que tendrá lugar el Miércoles 25 de abril a las 18:30 en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas (Carlos Pellegrini 1515), tendremos el placer de entrevistar a Patricia Willson, fundadora del SPET. La actividad tiene por título “’... pero sí sé que se reflexiona más’. Cambios en los Estudios de Traducción entre las dos ediciones de La Constelación del Sur (2004, 2017)”
  
Patricia Willson es doctora en letras por la UBA y traductora por el IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”. Es autora de La constelación del Sur. Traductores y traducciones en la literatura argentina del siglo XX (Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2017, 2ª ed.) y coeditora con Andrea Pagni y Gertrudis Payàs de Traductores y traducciones en la historia cultural de América Latina (México, UNAM, 2011). Ha traducido, entre otros autores, a Roland Barthes, Paul Ricœur, Gustave Flaubert, Jean-Paul Sartre, Richard Rorty, Mary Shelley, Mark Twain, H.P. Lovecraft, Jack London. Fue docente del IES en Lenguas Vivas y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y profesora-investigadora en El Colegio de México. Actualmente enseña en la Universidad de Liège, Bélgica. Es miembro fundador de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Traducción e Interpretación (ALAETI) y de la Asociación Internacional de Estudios de Traducción e Interculturales (IATIS).

martes, 17 de abril de 2018

Primeras repercusiones de la muerte de Sergio Pitol en la prensa hispanoamericana


El 12 de abril pasado, El Universal, de México, con el título “Juan Villoro se despide de su maestro Sergio Pitol, publicó las siguientes reflexiones:

“Sergio Pitol fue una gente extraordinariamente alegre, se enfrentó al sufrimiento y a los dolores de la vida con una alegría rebelde y desafiante”, asegura Juan Villoro de su amigo y maestro de la vida y las letras. “Una de las cosas más importantes en la literatura de Pitol es esa pasión carnavalesca por la vida y creo que debemos recordarlo así, no en clave dramática sino en la clave festiva que siempre quiso impregnarle a sus libros”.
Villoro lo conoció a Pitol a los veinte años y desde el principio, dice, lo trató como si fueran cómplices del mismo oficio y hubieran vivido muchas cosas juntos. “Se convirtió en un maestro vital para mí no solamente como escritor sino con esa actitud poco frecuente entre los artistas y los escritores de entender que la alegría y la dicha son formas de la rebeldía, de la disidencia. Fue una persona llena de sentido del humor, con gran gusto por los viajes, por los animales, la música, la comida, una persona extraordinariamente vital.”
Juan vio a Sergio por última vez en noviembre del año pasado. Lo visitó en su casa de Xalapa, donde hoy falleció a los 85 años. “Lo encontré escuchando música y pude estar otra vez ante su sonrisa. No hablaba, pero todavía se comunicaba con el signo que definió su vida, que fue la alegría y su actitud sonriente y desafiante incluso en los momentos más difíciles.”

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Por su parte, en El País, de Madrid, del mismo día, luego de la semblanza de rigor, hay un recuadro que, con el título “Una despedida discreta”, comenta las primeras repercusiones de la muerte de Pitol:

México se ha despedido discretamente de uno de sus tesoros literarios mejor guardados. Sergio Pitol, fallecido la mañana del jueves en su casa de Xalapa, Veracruz, ha sido despedido principalmente por profesionales de las letras y las autoridades culturales mexicanas. “Celebramos su vida y legado literario, en el cual aportó a las letras universales una obra narrativa original, traducciones y ensayos que perdurarán a través de los años”, se lamentó la secretaria mexicana de Cultura, María Cristina García Cepeda. La ministra dijo que convocará a instituciones, amigos y familiares a un homenaje nacional al escritor.

Pitol ha sido saludado a su partida una última vez por escritores e intelectuales mexicanos de diversas generaciones. El historiador, editor y ensayista Enrique Krauze dijo que Pitol fue “siempre apreciado y respetado”. Jorge Volpi, el más reciente recipiente del Premio Alfaguara de novela, lo calificó como “uno de los mayores escritores de nuestra lengua” y recomendó dos obras “perfectas”, El desfile del amor y El arte de la fuga.

Valeria Luiselli, de 34 años, aprovechó el fallecimiento para recordar a la extinta triada de cronistas que parodiaron las contradicciones de la sociedad mexicana: José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis y el propio Pitol. “Ya andan de pachanga (fiesta) otra vez. Gracias por iluminar partes oscuras de nuestras almas, por hacernos reír de nosotros mismos y por recordarnos siempre que la libertad de pensamiento no es canjeable por nada”, escribió en Twitter la autora de Los ingrávidos.

Los políticos también dijeron adiós al Premio Cervantes 2005. En medio de la campaña electoral rumbo a las presidenciales del 1 de julio, los principales candidatos presidenciales dedicaron unas palabras al autor de El mago de Viena. “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, siempre solidario con nosotros como Fernando del Paso y Elenita Poniatowska, los tres grandes escritores y ciudadanos de buenos sentimientos”, dijo Andrés Manuel López Obrador, el puntero de las encuestas. El candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya, destacó la “extraordinaria inteligencia y humor” de Pitol. Aurelio Nuño, el jefe de campaña del candidato del PRI, José Antonio Meade, destacó el carácter de viajero infatigable que deja a los mexicanos “obras maravillosas”. Todo un legado que el gran público aún está por descubrir.


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En Córdoba al día del 13 de abril y con el título “Sergio Pitol reúne en su muerte a los contrarios”, el periodista Álvaro Belín Andrade resume las repercusiones “políticas” de la muerte de Pitol en los siguientes términos:


Aunque ninguno de ellos debió haber leído alguno de sus libros, tres candidatos presidenciales expresaron su pesar por la partida de Sergio Pitol, escritor veracruzano (nacido accidentalmente en Puebla) quien este jueves por la mañana abandonó Xalapa, la ciudad donde decidió amarrar su nave, luego de recorrer intensamente el mundo y haber residido en París, Varsovia, Budapest, Moscú y Praga (donde fue agregado cultural de México), y de Roma, Pekín y Barcelona, además de la Ciudad de México.

El candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, por el que Pitol tenía una clara afinidad política, escribió en su cuenta de Twitter: “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, siempre solidario con nosotros como Fernando del Paso y Elenita Poniatowska; los tres, grandes escritores y ciudadanos de buenos sentimientos y dimensión social”.

Por su parte, José Antonio Meade, candidato del PRI a la Presidencia, también se refirió a este hecho en su cuenta en Twitter: “Lamento la muy sensible pérdida del Maestro Sergio Pitol, hombre y escritor profundo, de espléndida narrativa e impecables traducciones. Las letras y la comunidad cultural están de luto. El país lo está”.

Ricardo Anaya, candidato presidencial del PAN, también usó esa red social para manifestar su pesar por la muerte del autor de novelas, cuentos y ensayos, y aunque algunos internautas comentaron que seguramente nunca lo había leído, escribió: “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, uno de los grandes narradores de nuestro país, escritor de extraordinaria inteligencia y humor. Envío mis condolencias y solidaridad a sus familiares y amigos”.

El presidente Enrique Peña Nieto escribió en su cuenta: “Sergio Pitol aportó talento, imaginación y creatividad a México. Su obra forma parte del gran legado cultural que nuestro país comparte con el mundo. Mi más sentido pésame a su familia y a la comunidad cultural. Descanse en paz”.

Hasta la tarde de este jueves, la candidata independiente Margarita Zavala, muy ocupada en preparar una transmisión por Twitter, que ocurriría a partir de las siete de la noche, no había comentado nada al respecto de Pitol. Tampoco, por supuesto, el candidato independiente, renacido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Jaime Rodríguez, El Bronco, quien no ha establecido nunca sus coordenadas en materia cultural.

La comunidad cultural lo despidió
La secretaria de Cultura del gobierno federal María Cristina García Cepeda, escribió en su cuenta en Twitter: “Lamentamos la partida de Sergio Pitol. Celebramos su vida y su legado literario, en el cual aportó a las letras universales una obra narrativa original, traducciones y ensayos que perdurarán a través de los años. Mis condolencias a sus familiares, amigos y a la comunidad cultural”.

La Universidad Nacional Autónoma de México, en su cuenta oficial en Twitter, publicó: “¡Hasta siempre Sergio Pitol! La UNAM lamenta el fallecimiento del gran escritor, egresado de la #UNAM y ganador del Premio Cervantes en 2005”. Concluye su mensaje con una liga al perfil del escritor, del que menciona sus libros de cuentos: Infierno de todos (1964), Los climas (1966), No hay tal lugar (1967), Cementerio de tordos (1982) y Vals de Mefisto (1989); sus novelas El tañido de una flauta (1982), Juegos florales (1982), El desfile del amor (1984), Domar a la divina garza (1988) y La vida conyugal (1991), y sus libros de ensayos, en que destacan El arte de la fuga (1996), Pasión por la trama (1998) y Soñar la realidad (1998).

También hace referencia a los autores que fueron traducidos magistralmente por Pitol (Joseph Conrad, Henry James o Witold Gombrowicz) y las distinciones que le fueron entregadas, como el Gran Premio de la Asociación de Cultura Europea de Polonia (1998), el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1999) y el Premio de Literatura y Lengua Castellana Miguel de Cervantes (2005).

La Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM le dedicó un hermoso mensaje: “Despedimos con tristeza a aquel que nos deja una prosa de fuego, de agua, de Ícaros: Sergio Pitol”, en un tuit en que anexó el Material de Lectura dedicado a su prosa, con los breves textos narrativos “Semejante a los dioses”, “Ícaro” y “Mephisto-Waltzer”, con el prólogo “El asedio del fuego” de Juan Villoro, gran amigo del escritor laureado con el Premio Cervantes en 2005.

La UNAM, por cierto, ha anunciado que rendirá un homenaje póstumo al escritor, que se realizará en la que fue su casa, la Facultad de Filosofía y Letras. Pitol fue un distinguido universitario, egresado de la UNAM, profesor de literatura eslava en la Facultad de Filosofía y Letras y coordinador de Extensión Universitaria.

También planea un homenaje el Instituto Nacional de Bellas Artes, donde ya se había planeado un acto para el 6 de junio, junto con la Universidad Veracruzana y la familia de Pitol, por sus 85 años. Ahora, el INBA evalúa con la familia si se mantiene esa fecha o se adelanta.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) publicó: “Sergio Pitol fue un destacado escritor y ensayista del siglo XX y un espléndido representante de la literatura mexicana. Descanse en paz”.

La UNESCO expresó: “Hoy ha fallecido el escritor mexicano Sergio Pitol, uno de los más grandes autores de la literatura latinoamericana. Buen vieja, maestro, gracias por sus libros”. El Hay Festival España escribió: “Lamentamos profundamente la muerte de un amigo como Sergio Pitol. Descanse en paz, maestro”.

La Editorial Almadía lo despidió con el siguiente texto: “Hoy emprende su viaje que escribirá con Monsiváis y Pacheco. Uno de cavilaciones y aventuras. Uno que haría Sergio Pitol. “Soy hijo de todo lo visto y lo soñado, de lo que amo y aborrezco, pero aún más ampliamente de la lectura”. Almadía lamenta el fallecimiento de nuestro maestro”.

El escritor veracruzano José Homero escribió en su cuenta de Twitter: “Sergio Pitol fue un ser humano extraordinario, un escritor de excepción y un amigo sin par. Lamento mucho la noticia de su muerte y me abruma la tristeza. Nos queda sin embargo el don de su conversación, de su talento y de su inagotable sabiduría a través de sus libros. D.e.p.”.

Los políticos locales y Sergio Pitol
En el ámbito local, hasta la tarde del jueves, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares tenía congelada su cuenta de Twitter en la conferencia de prensa del miércoles, donde se refirió a los bienes incautados por la PGR a Javier Duarte y entregados a su gobierno.

El candidato del PRI al Gobierno de Veracruz, José Francisco Yunes Zorrilla, escribió desde la mañana: “Muy lamentable noticia el fallecimiento de un excelente escritor, traductor, diplomático, y ganador del Premio Cervantes, Sergio Pitol Demeneghi. Descanse en paz mi estimado amigo”. Por su parte, el dirigente estatal del PRI, Américo Zúñiga, escribió: “Nos despedimos hoy de un hombre universal, escritor prolífico, siempre cercano y querido para Veracruz. Hasta siempre maestro. Descanse en paz Sergio Pitol”.

Sara Ladrón de Guevara, rectora de la Universidad Veracruzana, donde Sergio Pitol fue docente e investigador, escribió un largo mensaje: “Con profundo pesar me entero del fallecimiento del maestro Sergio Pitol, el más distinguido integrante de nuestro claustro académico. Los integrantes de la comunidad UV nos encontramos de luto. Descanse en paz”.

El Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC) publicó en Twitter: “El IVEC lamenta profundamente el sensible fallecimiento del literato Sergio Pitol (1933-2018). Enviamos sinceras condolencias y pronto resignación a sus familiares. Una gran pérdida del campo literario. QDEP”.

El Ayuntamiento de Xalapa publicó: “Hoy despedimos a un gran escritor, pieza clave de la literatura latinoamericana del siglo XX. Descanse en paz Sergio Pitol”.

La Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP) también se manifestó este jueves: “Lamenta CEAPP y se une a la pena que embarga a la familia del escritor Sergio Pitol Demeneghi, Premio Cervantes 2005, quien falleció este jueves, a los 85 años de edad”.

También lo hizo el Grupo Legislativo del PAN en el Congreso local: “Las diputadas y diputados del Grupo Legislativo del PAN, nos unimos a la pena por el fallecimiento de Sergio Pitol, hombre que aportó su talento y visión del mundo a la literatura y cultura mexicana. Descanse en paz”.

lunes, 16 de abril de 2018

A los 85 años, murió en Xalapa el gran escritor mexicano Sergio Pitol


En la edición de Página 12 del viernes 13 de abril, Silvia Friera dio cuenta de la muerte del escritor y traductor mexicano Sergio Pitol, ocurrida un día antes. Lo hizo en los siguientes términos.

Adiós al hombre que no supo nada de fronteras

Cada vez que escuchaba a Luciano Pavarotti en su casa en Xalapa, capital de Veracruz, sonreía. El más excéntrico y políglota de los escritores mexicanos, Sergio Pitol, murió a los 85 años por las complicaciones provocadas por la afasia progresiva que sufría desde 2009. No podía moverse ni hablar a causa de esta enfermedad neurodegenerativa que empezó horadando la producción verbal del autor de El arte de la fuga. Que no pudiera articular palabras es una de las ironías más atroces del destino del Premio Cervantes 2005. Esa sonrisa que esbozaba cuando oía al tenor italiano era su manera de expresar que estaba contento. Todas las tardes la ópera vibraba por las paredes de esa vivienda de la calle Pino Suárez. Hasta Homero y Lola, dos perros que Pitol sacó de un refugio, disfrutaban de esa epifanía musical. De vez en cuando le leían libros y le mostraban imágenes de su vida y de sus amigos, especialmente de Carlos Monsiváis.

Pitol –nacido en Puebla el 18 de marzo de 1933– perdió a su madre (ahogada en el río Atoyac) a los cuatro años. Al poco tiempo murieron su padre y su hermana, y estuvo enfermo de malaria de los seis a los doce años. Como no podía salir de su casa, la vida que pensaba que era real fue la de los libros. Su abuela, que lo cuidó y educó, era una lectora de tiempo completo. Pronto iniciaría un largo camino de la mano de Julio Verne, en cuyas historias había muchos huérfanos que van a buscar a sus padres o se pierden en el mundo. Después llegarían R. L. Stevenson, Mark Twain y Charles Dickens. De la lectura como “medicina” a la palabra escrita había apenas un par de pasos. Los dio en la adolescencia, cuando se animó a escribir. Los dos escritores que más le interesaban, que admiraba con devoción, eran Borges y William Faulkner. “Si me acercaba demasiado a Borges, sería un esclavo de ese lenguaje, una mera copia”, recordó en 2005 en una entrevista con Página 12. Leer, escribir y viajar formaban parte de un mismo núcleo vital. A los 20 años salió de México y en Caracas garabateó poemas. “Decir que eran deleznables sería elogiarlos”, admitía con esa ironía que cultivaba para huir de la solemnidad. Durante dos décadas publicó cuentos: Tiempo cercado (1959), No hay tal lugar (1967) y Del encuentro nupcial (1970).

Miembro del Servicio Exterior mexicano desde 1960, se desempeñó como agregado cultural en París, Varsovia, Budapest, Moscú –donde consolidó su afición por la literatura en general y por Antón Chéjov en particular– y Praga. También vivió en Roma, Pekín y Barcelona, donde entre 1969 y 1972 tradujo para varias editoriales, del chino, inglés, húngaro, italiano, polaco y ruso. Una de sus traducciones más reconocidas es El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad; también tradujo a Witold Gombrowicz (Cosmos, Transatlántico, Bakakai y Diario argentino), a Jerzy Andrejewski (Las puertas del paraíso), a Henry James (Las bostonianas, Una vuelta de tuerca y Los papeles de Aspern), a Ronald Firbank (En torno a las excentricidades del cardenal Pirelli), a Chéjov (Un drama de caza) y a Vladimir Nabokov (La defensa), entre otros. Adicto a la invención de historias, acaso el más chejoviano de los narradores mexicanos, invitaba a sus amigos en los restaurantes a imaginar las vidas de comensales vecinos, y apelaba al juego, al dislate, una jubilosa ferocidad en la que ponía a prueba esos procedimientos narrativos que caracterizan su prosa, especialmente la intuición más radicalizada y la libertad para aventurarse a escribir distinto a la tradición en la que se habita. Jamás se sublevó ante la etiqueta de escritor “raro” o excéntrico. Esa rareza –la libertad de escribir diferente, casi de espaldas a eso que se podría llamar “sistema literario mexicano”– cristalizó en el hecho de que fue un narrador secreto o poco reconocido por sus pares mexicanos hasta mediados de los ‘80. Su prestigio empezó a crecer cuando ganó el Premio Herralde de novela en 1984 con El desfile del amor, “una comedia de enredos donde la parodia, lo esperpéntico y lo grotesco juegan un papel esencial”, definía Pitol a esta novela, la primera de Tríptico del Carnaval, que incluye Domar a la divina garza (1989) y La vida conyugal (1991).

“La parodia es un procedimiento literario que surge de mi personalidad, de mi modo de mirar el mundo”, explicaba. “Desde niño vivo, hablo y escribo la parodia. Thomas Mann decía que todas sus novelas eran paródicas. Cuando leía un trabajo académico sobre uno de sus libros o su presencia literaria, Mann sentía que ese lenguaje era serio y que estaba mutilado porque en todas sus novelas, hasta el Doctor Faustus, utilizó las formas paródicas. Para mí la parodia es el carnaval; son formas de mi organismo mental que ayudan a compensar y a equilibrar mis neuronas. La literatura paródica es vital en Latinoamérica, pero hubo épocas tan tenebrosas en nuestros países, las dictaduras militares, que hicieron casi imposible hacer algo cómico”. El arte pitoliano distorsiona lo que mira y desconfía de géneros literarios. Enrique Vila-Matas, que prologó Los mejores cuentos del mexicano, advierte que el estilo Pitol “consiste en contarlo todo pero no resolver el misterio”. 

El autor de Trilogía de la memoriaEl arte de la fuga (1996), El viaje (2001) y El mago de Viena (2005)– fue el gran alquimista que difuminó las fronteras entre realidad y ficción con ensayos que devienen relatos y novelas que se transforman en ensayos. Entre sus premios destacan el Xavier Villaurrutia (1981) por Nocturno de Bujara –reeditado por Anagrama, la editorial que publicó toda su obra–, el Juan Rulfo (1999), el Cervantes (2005) y el Alfonso Reyes (2015). Pitol era un enamorado de las literaturas periféricas. “Las modas literarias, las supereditoriales, las grandes metrópolis aniquilan cualquier posibilidad creadora”, advertía. “Mi formación está situada en culturas periféricas. Vivir en un enclave lingüístico donde la vida cotidiana transcurre en medio de tres o cuatro lenguas es apasionante y enriquecedor. Algunos de los logros literarios de este siglo surgen de esta vibración que se establece entre una cultura lejana y la metrópoli: Irlanda, Austria, Polonia... O los escritores rusos del XIX: ellos también son literatura periférica.”

“Tengo como orgullo y privilegio el que mi vida se haya cruzado, al menos por un día, con la obra de Pitol: fui miembro del jurado que le otorgó el Premio Cervantes una luminosa mañana de diciembre”, recuerda Rodrigo Fresán. “Salí de allí muy contento y entré en internet (ese aleph inequívocamente pitoliano) para ver qué se decía sobre el flamante ganador. Los comentarios eran unánimes en su alegría y, por ahí, flotando en el ámbar de la electricidad, reparé en una frase de Pitol: ‘La inspiración es el fruto más delicado de la memoria’. De ser esto cierto –y creo que sí lo es– entonces Pitol es uno de los frutos más delicados de la inspiración.”


viernes, 13 de abril de 2018

Elvio Gandolfo comenta una novela de Michael McDowell publicada por La Bestia Equilátera


Además de ser un excelente escritor y un muy buen traductor, Elvio Gandolfo es un lector empedernido y sagaz. El 3 de diciembre del año pasado, publicó en el diario La Nación la siguiente reseña de Los elementales, del escritor estadounidense Michael McDowell (foto), que, con traducción de Teresa Arijón, publicó La Bestia Equilátera.



Otra joya secreta del terror

En el terreno de la lisa y llana fama pública, Michael McDowell es relativamente conocido como guionista de dos películas de Tim Burton: Beetlejuice (1987) y El extraño mundo de Jack (1993), películas que desplegaban un manejo muy personal del grotesco y el terror. Es a este último género que McDowell (1950–1999) dedicó sus mayores esfuerzos como narrador, dando a conocer tanto ediciones de bolsillo originales como guiones de series. Su interés iba más allá de la literatura: era famosa su colección de objetos y documentos relacionados con la muerte (fotografías, ataúdes, lápidas de los estadounidenses) en todas sus formas y épocas, un acopio que a menudo consultaban los historiadores
.
En alguna entrevista, McDowell declaró que los principales autores que lo formaron fueron Eudora Welty y H. P. Lovecraft. Ambos mundos (el sur norteamericano de la primera, los monstruos del segundo) se cruzan en Los elementales, novela de 1981 que está considerada su obra principal. La originalidad es notoria: lo macabro de la historia se va entregando de a poco, al mismo tiempo que se recupera y renueva la tradición de la casa embrujada.

La muerte de una matrona sureña, veterana y malvada, provoca ya en las primeras páginas un extraño –también chocante– rito familiar funerario. Después, el grupo de personajes se traslada a una zona donde se alzan, a la vista del golfo de México, tres mansiones góticas victorianas. Dos de ellas, al parecer, inofensivas y habitadas. La tercera, vacía y ominosa. La arena blanca es un elemento añadido, extraño por su particular comportamiento.

La personalidad de los distintos personajes se va afirmando con datos precisos y a la vez singulares. Si hubiera que elegir a quienes luchan con más vigor contra el Mal, podría nombrarse a India, una niña criada por un padre medio hippie, y Odessa, una criada negra conectada con el plano sobrenatural. Dos peligros del lugar común (la densidad asfixiante de las novelas de familias sureñas, aquí los McCray y los Savage, y los lugares comunes del terror) son apartados con buen pulso por McDowell. De hecho, la novela aprovecha a fondo tanto el clima natural extraño (cruce de playa y niebla fugaz, nada inglesa, con lugar vacacional y maldito), que mezcla el calor extremo y la lluvia intensa, como la composición pintoresca y variada del grupo de personajes. En ese sentido, los diversos protagonistas se recortan con la nitidez de naipes de tarot y alcanzan un matiz más delicado en la relación entre India y Luker, padre e hija, venidos ambos de la remota Nueva York.

Los elementos terroríficos, si bien cumplen con la cuota macabra de rigor, operan con un dinamismo similar. Paralelo al tema central se desarrolla otro eje, relacionado con una veterana alcohólica y su marido, político y manipulador, que aparece tardíamente en escena, pero que ya figuraba en los diálogos previos. Se lo veía como un personaje "moderno", y, por lo tanto, desde un punto de vista sureño, perverso.

India y Odessa construyen, por un lado, una típica pareja de luchadoras épicas contra el Mal. Los demás personajes de las dos familias, por otra, se van relacionando entre sí para establecer combinaciones dobles o triples, a veces cargadas por el pasado familiar, lejano o cercano. De todos modos, lo que importa para el lector es sobre todo la acción del presente. El estilo es ágil y pragmático, también sintético y sorpresivo con sus golpes de efecto, a puro susto o emoción.

Resulta casi imposible no ir imaginando, a medida que transcurren las páginas, el film que resultaría de filmarse la novela, y hasta la larga serie de actores que podrían encarnar a los personajes. Pero el ajuste final del círculo de terror, que da nombre al libro, hace olvidar todo lo que no sea la vorágine de movimientos angustiosos de las últimas páginas, que se ocupan de cerrar la mayoría de los hilos sueltos. Alguno, adrede, queda suelto.

Stephen King supo elogiar a McDowell: después de Los elementales dan ganas de conocer sus otras novelas.

jueves, 12 de abril de 2018

Un elefante que se llama Fondo de Cultura Económica


Felipe Ponce es Licenciado en Letras por la Universidad de Guadalajara. Becario del IV Curso de Formación de Editores Iberoamericanos, auspiciado por la Universidad Complutense de Madrid y la Sociedad Iberoamericana de Amigos del Libro y la Edición (2004), es el director fundador de Ediciones Arlequín (1994) y editor de la Editorial Página Seis (2009). El siguiente texto fue publicado por El Diario NTR, en su edición del 9 de abril de este año. La referencia que hace a un artículo del Administrador de este blog está en la entrada “Sobre algunas políticas del F.C.E. de México”, correspondiente al 28 de febrero de 2018.

La silla es mía y no puedo sentarme

Solemos estar satisfechos con aquellas entidades que en apariencia hacen su trabajo bien y que además gozan de prestigio y reconocimiento. Nos acostumbramos a ellas, poco les cuestionamos o regateamos. Pasan los años y siguen allí, sus formas no cambian nada y esas instituciones (¡cómo se ha vuelto peyorativa esa palabra!) continúan con procesos inamovibles, formatos inaccesibles, métodos infalibles… Y todo es costumbre: una anomalía en el paisaje, porque es lo que hay.

Hace poco leí un texto de Jorge Fondebrider que me abrió los ojos acerca de un elefante blanco que tiene librerías. Es de mucha reputación y vive en casa. El elefante no tiene un dueño, es de todos, pero está amaestrado para jugar sólo con sus propios juguetes y con los de los vecinos ricos, que imponen a gran precio. Y los editores mexicanos en pequeño, que también tienen juguetes y que además son en parte dueños del elefante, están excluidos, y cuando se les da un pequeño permiso para mostrar sus juguetes es por poco tiempo y a regañadientes. El elefante caprichoso se llama Fondo de Cultura Económica (FCE).

¡Qué batalla para que los libros de las editoriales independientes estén en sus librerías! En Guadalajara es necesario organizar una presentación que obliga a generar un pedido y poder así vender al momento. De otro modo, los encargados siempre están en inventario o haciendo devoluciones y no pueden atender previas solicitudes.... Los libros que una vez entraron podrían permanecer meses sin encontrar su sitio o quedarse en almacén, y se acabó. En contraste, trasnacionales como Penguin Random House y Planeta son omnipresentes, con mesas y en novedades.

Las estanterías nos muestran con claridad la situación desventajosa donde dominan las reservaciones y los guetos. El primer orden es la reservación del propio FCE, que a mi parecer debería estar exhibido donde corresponda según sus temáticas, con los demás libros de todas las editoriales. El segundo orden es el de los guetos de las trasnacionales, que en parcelas de sus propios sellos editoriales ocupan mesas de tiempo indefinido. Y los editores nacionales independientes, con más de cien sellos y miles de títulos, no están allí ni en su mínima representación.

Para el FCE el emprendedor nacional vale menos que cualquier subproducto trasnacional.

miércoles, 11 de abril de 2018

Las cuentas siguen sin cerrar o más o menos


Daniel Gigena publicó en La Nación, del 4 de abril pasado, este breve artículo que resume el informe estadístico de la Cámara Argentina del Libro para el período 2017.

En 2017, la industria del libro pasó
de terapia intensiva a intermedia

Desde 2001, la Cámara Argentina del Libro (CAL) publica un informe estadístico sobre el mercado editorial local a partir de los datos registrados por el ISBN, el "DNI" de cada libro que se publica y comercializa en suelo argentino. El informe anual incluye la cantidad de títulos y ejemplares registrados, los canales de distribución, las temáticas y los soportes de publicación, como también la producción de novedades y su primera tirada. Pocas semanas antes del inicio de la 44» Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, se conoció el informe de la producción de novedades durante 2017. El panorama que describen las cifras, sin dejar de ser preocupante, es menos dramático que el de 2016. La CAL informó que las editoriales y empresas asociadas notificaron que las ventas de libros suavizaron la caída, que en 2016 había alcanzado el 20%. En 2017, esa merma se ubicó entre el 5 y el 7%.

La producción de ejemplares, sin embargo, sigue cuesta abajo. De 84 millones de ejemplares que se producían en 2015, en 2016 pasaron a ser 63 millones y en 2017, a 51 millones. La caída acumulada de 2015 a 2017 alcanza el 35%. Eso significa que se produce apenas poco más de un libro por habitante en la Argentina. Si bien las novedades se mantienen estables desde 2013, con un total de 28.440 títulos, las tiradas se redujeron. "Pasaron de 5000 a 3000, de 3000 a 2000 y de 2000 a 1000 ejemplares en muchos casos", dijo a La Nación Diana Segovia, gerenta de la CAL. La tirada promedio sobre el total de los libros en papel supera apenas los dos mil ejemplares. Quizás por ese motivo se explica que un libro que vende diez mil ejemplares se convierta en un best seller. La proporción de libros en soporte digital respecto de libros en papel se mantiene constante desde 2012. En 2017 se registraron un total de 4861 libros electrónicos, un 17% sobre el total. En cuento a las temáticas, la literatura infantil y juvenil, la literatura para adultos, las ciencias sociales y los libros de texto encabezan el ranking de los títulos publicados por el Sector Editorial Comercial (SEC), con un 20%, un 19% y un 13%, respectivamente .

El centralismo es otra característica aún invariable del libro argentino. El 80% de la producción proviene de la ciudad de Buenos Aires: nueve de cada diez libros se producen en esta ciudad.

martes, 10 de abril de 2018

Cinco ejemplos de la hipocresía y deshonestidad

En la entrada de ayer, un artículo del diario El País, de Madrid, daba cuenta de la difícil circulación de libros entre España y Latinoamérica. Una serie de especialistas que son parte interesada  (entre los que se contaban el director general de Penguin Random House, la editora general de Alfaguara que es parte del mismo grupo editorial, un cortesano lleno de gracejo que fue ex director de Alfaguara, un profesor lleno de discursos ad hoc, etc.) daban su punto de vista y ofrecían sus diagnósticos, ocultando de esa manera que el problema central es su cortedad de miras y la rapacidad del mundo en el que viven. Por ello, a continuación, el Administrador de este blog ofrece algunos ejemplos que demuestran palmariamente la hipocresía de esta gente.

Buenos Aires, 2004

El grupo multinacional Planeta acaba de comprar Emecé de la Argentina. Un autor que firmó con la editorial local, de golpe y porrazo se encuentra en el catálogo de una fábrica de hacer chorizos, a la que sólo le interesa la facturación. Escribió su libro a lo largo de cuatro años, después de una larga investigación, pero a los seis meses de publicado, lo encuentra en la mesa de saldos de la librería Dickens. Consulta entonces su contrato y descubre que hay una cláusula que indica que, en caso de saldarse su libro, la editorial deberá ofrecérselo en primer lugar a él antes que liquidarlo en la mesa de una librería de saldos. Llama a la editorial y habla con la persona a cargo de estas cuestiones. Le dicen que no le avisaron nada porque el libro no está técnicamente saldado, sino que fue ofrecido a mitad de precio y, por lo tanto, no es una categoría que pueda equipararse al saldo. "Y, ¿cuánto me van a liquidar a mí?", pregunta interesado. "La mitad de los derechos de autor, claro", le informa la empleada. Furioso, recurre entonces a un abogado que se limita a llamar a Planeta, al cabo de lo cual, sin que medie negociación alguna, al autor se le liquida la totalidad de la edición al precio por el que había firmado su contrato. Sin embargo, hasta el día de hoy, la práctica del medio precio sigue vigente y cualquier puede comprar esos libros en la librería Dickens y en sus subsidiarias. El autor en cuestión recuerda la letra de ese tango que dice: "El que no llora no mama / y el que no mama es un gil". 

Guadalajara 2008

El escritor chileno Pedro Lemebel se presenta a sala llena en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El público, que mayormente no lo conoce porque sus libros no llegan a México, delira y, terminada la presentación, corre al stand de Planeta, donde están los libros de Seix Barral, sello en el que publica Lemebel. Los vendedores dicen no conocer al autor y, al cabo de una búsqueda exhaustiva, alguien dice que sí, que Planeta de México tiene el catálogo de Seix Barral pero sólo de los libros que se publican en México y de los que se importan de España, pero no de Seix Barral de Chile. ¿Por qué? Porque, como nadie conoce al autor, para qué comprárselo a la filial colega y gastar en el flete. En ese momento, alguien propone visitar el stand de Chile en el sector internacional de la feria. Los dos afortunados que primero llegan se quedan con el par de ejemplares del último libro de Lemebel que, traídos por la Cámara del Libro de Chile, han sido subvencionados por el gobierno chileno en pie de igualdad con los libros de editoriales chilenas, aunque estos, publicados por Seix Barral, sean de una multinacional española. 

La situación de Lemebel es la misma de muchos otros autores que publican en los dos grupos multinacionales con sede en España. Bastaría, por caso, la iniciativa de un gerente editorial de esos que corren a llevarle la escupidera a los directores editoriales, quienes, dicho sea de paso, podrían dejar de invocar la autonomía de sus filiales latinoamericanas, que está ahí cuando les conviene y desaparece cuando se trata de inundar los mercados latinoamericanos de novedades españolas.

Barcelona 2013

La conversación entre amigos comienza en un bar y se continúa a lo largo del trayecto que va desde ese lugar a una de las librerías La Central porque, luego de haber intercambiado nombres de autores, ambos se deciden por regalarse mutuamente algunos de los libros mencionados. Ya en la librería, el español encuentra todo lo que busca, mientras que el argentino, no. Pregunta al vendedor. Éste busca en la computadora. Dice que no conoce a la editorial o dice que tal título lo tuvieron hace mucho, pero que desde hace ya unos años no ha sido vuelto a importar. La mitad de los títulos no importados fueron publicados por las filiales sudamericanas de multinacionales del libro español.

Santiago de Chile, 2015

Interesado en saber qué se publica en Chile, un turista argentino recorre librerías. Le llama la atención que la proporción de libros españoles exhibidos supere con creces la de los libros chilenos. Pregunta a los vendedores. Le contestan: "Es así, po". Inquisidor, pregunta más. Le dicen que el libro español, que es más caro, deja mayor margen de ganancia. Pregunta luego por libros argentinos, peruanos, colombianos o mexicanos. "Casi no hay", le dicen. Sin embargo, en una librería especialmente elegante, observa que los libros de Anagrama no son editados en España, sino en la Argentina. No obstante, su precio no es el argentino (cerca de la mitad del español), sino que se corresponde con lo que cuestan en España. Curioso, ante la deshonesta práctica del vendedor, le pregunta por qué. La respuesta es simple: "Porque es así, po". 

Buenos Aires 2017

Un autor, acaso deslumbrado por la promesa de fama internacional, está por firmar contrato con la filial argentina de Penguin Random House. El contrato dice que cede sus derechos en exclusividad a la editorial. Sin embargo, le preocupa saber si su libro va a circular por el resto del mundo de la lengua castellana. La respuesta es sencilla: si otras filiales lo quieren comprar, sí. Pregunta: ¿y qué pasa si otras filiales no lo compran? La respuesta vuelve a ser sencilla: entonces sólo circula en la Argentina. ¿Por qué entonces la cesión de derechos para todo el mundo? "Bueno, es una política de la casa", dice el editor.  



lunes, 9 de abril de 2018

Los sordos hablan sobre del origen de la sordera

Maribel Marín Yarza publicó la siguiente nota en El País, un muy mal diario que se edita en España y que, a fuerza de mentir, sufre un desprestigio creciente. Lo hizo el 6 de abril de este año y alguien puso la siguiente bajada en su artículo: “¿Por qué cuesta encontrar la obra de un autor salvadoreño en Bogotá? ¿Sigue siendo el Atlántico una frontera editorial insalvable? Radiografía de un mercado separado por la lengua”.

 Ahora bien, desde el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires proponemos otra: “¿Por qué miente alevosamente Claudio López de Lamadrid, que dirige un grupo editorial que publica libros en México que no se exportan a la Argentina y viceversa? ¿Qué sentido tiene escuchar lo poco interesante que tiene para decir Julio Ortega, uno de esos intelectuales latinoamericanos afincados en los Estados Unidos y del todo funcionales al establishment español? ¿Por qué considerar lo que dice hipócritamente Pilar Reyes, que no exporta los libros de Alfaguara de un país a otro de Latinoamérica, salvo que sus autores –oh casualidad– ganen premios como el Alfaguara? Para no hablar del inexplicable cortesano Juan Cruz, charlatán de feria siempre dispuesto a contarnos cómo conoció a éste o a aquel y cómo se sentía el día en que los conoció. En síntesis, ¿por qué darles entidad y crédito a todos estos tipos que son precisamente el problema y la razón de que las cosas sean como son?

 El difícil viaje del libro en español 

Al académico Javier Marías no le dieron auténtico crédito como escritor en América Latina hasta que en 1996 estalló en Alemania el éxito de Corazón tan blanco (1992), su séptima novela. Al colombiano Fernando Vallejo llegaron realmente los españoles cuando Francia se rindió en 1997 a su sexta ficción, La Virgen de los sicarios (1994). También les costó reconocer el genio de Ricardo Piglia. Hacía dos décadas que el argentino, fallecido en 2017, era un referente al otro lado del charco para cuando, ya sesentón, su talento cruzó el Atlántico con el cambio de siglo… 

Este suma y sigue de reconocimientos tardíos es el reflejo de un mal que padece desde hace décadas el mercado del libro en español, convertido en uno de los diez más poderosos del mundo, sin acabar de lograr que las literaturas de los países que lo integran se traten como hermanas. Internet, el incipiente negocio del e-book, la eclosión de festivales, premios y ferias, y el innegable empuje de las políticas públicas —leyes del libro, redes de bibliotecas, IVA cero al papel en todos los países salvo en tres, entre ellos España…— han animado la circu¬lación de los autores y sus libros en una región de desarrollo socioeconómico muy desigual. Pero la enfermedad aún no ha remitido. El gran público español rara vez se aventura más allá de los autores del boom; y el latinoamericano, más bien los latinoamericanos, no suelen darse por enterados del potencial de los escritores ocultos tras las listas de más vendidos, sean españoles o de naciones vecinas.

¿Cuál es el origen de esta sordera?

“En España no interesa nada la literatura latinoamericana y en Latino¬américa interesa aún menos la española”, dice Claudio López de Lamadrid, director editorial de Literatura Random House. “Más que de desinterés, hablaría de unas características de los mercados a ambos lados del Atlántico que dificultan la visibilidad, como es la sobreabundancia de títulos que se producen”, disiente Marianne Ponsford, directora del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC). Julio Ortega, profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Brown (EE UU), añade al debate otra perspectiva que interpela a medios y editoriales: “La lógica del mercado se basa hoy en evitar el riesgo, la apuesta, el compromiso con un autor y su obra. Prefiere apostar por los malos libros de un autor de algún renombre y evita el riesgo de los mejores y más jóvenes. Lo más penoso es que la prensa cultural, que acompañó con brío la internacionalidad de las nuevas letras, no tenga una política más crítica de la producción editorial, con lo cual ha perdido la fe del lector. Debería haber espacio para los best sellers y para las pequeñas editoriales, donde está el futuro”. 

 Con epicentro en España, un valor superior a los 3.700 millones de euros, según CERLALC, y una formidable incontinencia editora —publica al año alrededor de 185.000 títulos de todos los géneros, 79.000 en España—, el del libro en español es un mercado interdependiente —editoriales españolas vadearon la crisis gracias a América Latina— que sufre un importante y lógico desequilibrio a ambas orillas del Atlántico. Si en 2015 el 36% de las exportaciones españolas de libros impresos tuvo como destino Hispanoamérica, apenas el 1,2% de las latinoamericanas desembarcó en España —el 59% de lo exportado quedó en la región—. “La cifra es misérrima”, apunta Ponsford, y eso quiere decir “que hay espacio para crecer”. En todos los campos, también en el de la literatura, del que no hay datos desglosados comparables. 

De entrada, hay obstáculos que salvar en la base del negocio: unos paupérrimos índices de lectura, un escaso respeto por los derechos de autor y un irregular despliegue de la industria en Hispanoamérica que a veces hace que el camino más corto entre Colombia y Bolivia pase por España. “El gran reto es que América Latina se conecte entre sí, y México y Argentina tendrían que tomar el protagonismo. Es fundamental pensar en el viaje del libro de norte a sur, no solo cruzando el Atlántico”, dice Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara. A esa asimetría hay que sumar el impacto de barreras arancelarias, dificultades de distribución, elevados precios de transporte y frenos a la importación —la Argentina de Kirchner fue paradigma—, que en naciones muy inestables en lo económico (hiperinflación) y lo político (Venezuela, Cuba) pueden acabar por convertir el libro en objeto de lujo. “Puede darse el caso de que un ejemplar que en España cuesta 10 euros esté en Chile al equivalente a 10 euros si ha llegado a través del distribuidor y a 30 si ha sido importado”, explica Julián Rodríguez Marcos, editor de Periférica. 

 Quizá La uruguaya, de Pedro Mairal, sea una de las novelas recientes que mejor ilustran la fragmentación de este mercado que gobiernan los colosos Planeta y Penguin Random House. Publicada con éxito originalmente por Emecé (Planeta) en Argentina, no llegó a España a manos de la multinacional, sino de Libros del Asteroide. “Hoy, quienes dominan el cotarro quieren lectores-consumidores. Ya no existe alguien que diga: ‘Esta obra va a hacer canon, esta va a romper la tradición”, dice Ana Gallego, profesora de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Granada. “Ahora circulan muy poco los autores más transgresores y si están en el mercado es gracias a las editoriales independientes, que con un lector hiperformado, mucho más culto, están garantizando la bibliodiversidad”. 

Periférica, Alpha Decay, Páginas de Espuma, Laurel, Sexto Piso, Eterna Cadencia, Adriana Hidalgo… Desde los noventa, los sellos independientes se han ido haciendo fuertes. Con apuestas singulares en la lengua y en traducción y acuerdos de coedición y distribución, están contribuyendo a construir el nuevo canon de lo que Carlos Fuentes dio en llamar el territorio de la Mancha. “Si publicamos a tanto latinoamericano es porque hay en ellos un voltaje literario que aquí no es tan evidente. Al no tener una industria como la entendemos aquí, los autores no tienen que hacer caso al mercado, y eso ha generado textos más hondos y atrevidos”, opina el editor de Periférica. 

 El trabajo de estos sellos de nuevo cuño ha venido a complementar el que llevan décadas realizando veteranas como Anagrama y Fondo de Cultura Económica o los grandes conglomerados. Con casas locales en casi todos los países del territorio del español y catálogos con un corpus común y virajes locales, también han creado algunos programas para visibilizar propuestas más literarias enterradas en la jungla de novedades. Alfaguara y Literatura Random House (Bertelsmann) lanzaron en 2015 El mapa de las lenguas, un proyecto por el que cada uno publica cada mes la obra de un autor latinoamericano y la distribuye a la vez en formato e-book y en las librerías más literarias. “Solo con El mapa de las lenguas publicamos tres veces más nuevas voces de literatura latinoamericana que cualquier editorial”, defiende López de Lamadrid. “Pero la realidad es la que es. Hay mucho papanatismo. Si la autora de Black out, en vez de llamarse María Moreno, se llamará Mary Brown, y el libro, en lugar de transcurrir en Buenos Aires, sucediera en Nueva York, aquí sería la bomba. Y allí ocurre lo mismo. Los tres últimos premios de la FIL han reconocido a extranjeros. Está muy bien premiar a Norman Manea, Claudio Magris y Emmanuel Carrère, pero hay autores lo suficientemente importantes en español como para tener que premiarles a ellos. Dejaron que se muriera Piglia sin dárselo”, dice López de Lamadrid. Juan Cruz, periodista de El País y director entre 1992 y 1998 de Alfaguara, más que papanatismo advirtió en esos años una “conspiración perversa” entre las editoriales y los medios. “Si resulta que los periódicos, que siempre estaban proclamando que había que publicar a los nuevos, cuando llegaban los nuevos los dejaban de lado porque no vendían, las editoriales decían: ‘Vamos a traer a los conocidos’. Era un círculo vicioso horrible. Hay que excitar al lector desde las editoriales y los medios” 

 El sector ve en Internet el gran mirlo blanco para estimular la circulación del libro. No hablan sólo de las plataformas de suscripción y el e-book,que, aunque tiene sus problemas —acceso a los terminales, piratería e IVA más elevado que el libro físico en España— en lengua española experimentó el pasado año un crecimiento global del 7%, tiene un coste menor de producción que el papel, un precio más asequible y hace posible el sueño de todo editor de que todos los títulos estén disponibles en cualquier momento en todas partes. Hablan de que la Red ha comenzado a cambiar la relación entre lectores, editores y escritores, y ha hecho, como dice Pilar Reyes, que ya no tenga que “estallar un éxito literario en Francia para que lleguen los ecos de esa información. El lector tiene ahora absoluto acceso a lo que se publica fuera de su país y tiene algo que decir”, observa. “Hoy ya no son solo el crítico o el suplemento literario quienes prescriben. Hay blogs que prescriben, hay un intercambio entre los lectores. Y, además, el editor puede analizar qué le interesa a ese lector. Y eso es importante. No olvidemos que la literatura es ofrecerle a la gente algo que no sabe que quiere y hacer que lo quiera”. 

Hubo un momento, en los sesenta, en que el editor Carlos Barral acertó en ofrecer a los lectores en español lo que no sabían que querían. Animado por el sueño de llegar a un público potencial de hoy 500 millones de personas y el bagaje de la amistad —fue América Latina quien abrió las puertas a editores e intelectuales españoles que huían de la Guerra Civil—, comenzó a publicar desde España a un puñado de autores de aquel continente y los puso a circular por toda la geografía del español con acuerdos con sellos locales. Con el Premio Seix Barral a Vargas Llosa por La ciudad y los perros en 1962 inauguró una nueva era en la que no solo abrió los ojos del lector hacia los autores del boom (García Márquez, Cortázar, Fuentes, Donoso…), sino también hacia sus predecesores. De repente, cuando aún resonaban los ecos de la revolución cubana, la literatura latinoamericana se puso de moda en España y dio el salto a la traducción. “En plena censura, el lector español volvió la mirada hacia América Latina porque había ciertos aires de libertad”, apunta Marisol Schulz, directora de la Feria del Libro de Guadalajara (FIL).

El momento político, en efecto, explica ese acercamiento. Pero tampoco puede obviarse que aquellos autores, muchos residentes en España, rompieron moldes en un momento en el que tampoco había demasiadas propuestas en la lengua. Ahora se produce mucho más y es más difícil hacer que un libro sea visible. “Y hoy, además, la literatura compite con muchas cosas. Pensar hoy que el paradigma es el boom es un error. Hay que juzgar estos tiempos dentro de lo que son, atomizados, dispersos”, afirma Pilar Reyes. Los tiempos han cambiado tanto que, aunque España sigue siendo la puerta de entrada a Europa, ya no se ve desde Latinoamérica como un lugar de consagración, según la periodista argentina Leila Guerriero. “El mercado latinoamericano ahora es importante para el escritor latinoamericano. Y si durante un tiempo algunos autores españoles fueron su referente, ahora beben de otras fuentes; la literatura norteamericana y la propia latinoamericana”. En el otro extremo está el lector que, a juicio de Ana Gallego, ha vivido un proceso paralelo de distanciamiento. “El autor español es poco valorado en Latinoamérica. Se ha quedado la imagen del escritor costumbrista. Por otra parte, el lector común español está poco o nada interesado en el autor latinoamericano actual, sigue pensando en la literatura latinoamericana bajo los estereotipos del boom: literatura exótica y de compromiso político. La cuota de lo exótico la están ocupando ahora los nórdicos o los asiáticos”.

El desapego comenzó con la muerte de Franco (1975), la apertura del país y el florecimiento de la literatura en la Península. Con Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes, Javier Marías, Soledad Puértolas, Luis Landero… España se concentró en lo propio. Y Latinoamérica bastante tenía con asumir su regresión política y los movimientos de la antigua metrópoli, que en un momento de poderío económico generó puntos literarios de consagración —¬premios, suplementos…— y comenzó a absorber sellos en el continente americano, alumbrando entre otros a Alfaguara Global, emblema del panhispanismo editorial. “Una de nuestras obsesiones era que los libros no viajaban en América Latina, y Alfaguara Global, impulsada por Isabel Polanco [de cuya muerte se cumplen ahora 10 años], hizo que al mismo tiempo un escritor chileno tuviera sus libros en México, Nicaragua, Colombia y Argentina”, explica Juan Cruz. Él fue quien recuperó, tras 25 años, e hizo trasatlántico el Premio Alfaguara, galardón que, como dice por experiencia el autor colombiano Juan Gabriel Vásquez —lo ganó en 2011—, “rompe todas las barreras de circulación de los libros”. “Poco a poco, otras editoriales fueron imitando nuestras políticas”, continúa Cruz. “Las cosas han cambiado a mejor y un factor decisivo ha sido la FIL”. 

Decía, pesimista, Ricardo Piglia que en la era del autor-performer, que se mueve de feria en premio y de premio en festival, “viajan los escritores, no viajan sus libros”. Pero la sensacional proliferación de espacios para el debate —que en opinión de Santiago Tobón, de Sexto Piso, es positiva, pero también el “síntoma de la imposibilidad de una oferta permanente”— ha servido para que “la ficción viaje a la zaga de sus autores y se quede en el territorio que visita”, como confirma Cristina Fuentes, directora internacional del Festival Hay. “Siempre nos parecerá poco”, subraya Ponsford, que pide políticas de estímulo a la lectura. “Siempre nos quejaremos porque queremos más, y eso está bien. Pero ese flujo crecerá en la medida en que crezcan nuestras economías, se consoliden los sectores editoriales locales y se abran más las fronteras”.

 Ahí es nada.